14 de julio de 2015

Martes de iniciativas: Cuéntame tu historia VI

¡Hola mis páginas!

Hoy seguimos con nuestras iniciativas y tenía ganas de poder llegar a martes (este día es como un mini jueves ^^) porqué quería hacer post doble. Os traigo la segunda inciativa del día (la misma pero el siguiente relato)

En esta ocasión, tendréis que hacer girar vuestra historia en torno a la Música. Tal cual. Ya sea porque el protagonista es un músico, porque hay una canción que hila la narración... Podéis hacer lo que queráis, pero debe palparse la música en vuestro relato.

Notas en las sonrisas

No estaba acostumbrada a tanto público. Ni siquiera podía concentrarme con mi propia presencia, tarea difícil de sobrellevar teniendo en cuenta que siempre estoy conmigo misma. Nerviosa, se podía decir así. Ese sentimiento se palpaba en cada centímetro de mi cuerpo y, por si las dudas, no era para nada agradable. Me senté entre las sombras y mis dedos rozaron el metal del instrumento. Ante el frío tacto metálico en mi piel, esta se erizó y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Tragué saliva mirando hacía el reloj.

-Diez minutos.-dijo alguien a mis espaldas. Asentí sin girarme, mientras mis ojos seguían perdidos en el saxofón. Suspiré dejando un hilo de voz a mi paso y tomé entre mis dedos la partitura, desviando los ojos del instrumento.

Tres minutos Mía, tres minutos de nada. Esto lo haces tu en un pestañeo, ya verás.-me reconforté con voz quebrada. Sabía que mi miedo escénico me estaba jugando malas pasadas y me intenté tranquilizar con el sonido del piano de Roberto de fondo. Él si estaba hecho para el público. El mundo se lo comería a aplausos en cuanto tuvieran la oportunidad. Cerré los ojos mientras aprisionaba la partitura y el instrumento en mi pecho y tomaba aire. En ese momento el piano sonaba con furia, con toda la rabia en su interior. Esa pieza demostraba como de frustrada estaba mi alma en ese momento, era un grito entre teclas, un grito de desesperación. ¿Por qué me resultaba tan difícil? Nunca me habían salido bien mis salidas a escenario, pero entre bambalinas me comentaban el talento que tenía. No entendía como alguien con tanto miedo en su cuerpo podía tener talento.


-Vas a salir, Mía.-dijo una voz detrás mío. Me giré y mi cara de miedo pasó a estupefacción.

-¡Abuelo!-dije preocupada.-¿Qué haces aquí? Abuelo deberías ir al hospital, estas grave.

-Por unos minutillos no pasa nada, y quiero ver a mi nieta tocando.-sonrió mostrando arrugas en sus ojos. Nos fundimos en un abrazo y me llamaron.-Te esperan, te espero. 

Se fue hacía su posible sitio en el público y yo me desplazé dentro del escenario. Roberto acarició mi mano sonriendo a modo de ánimes y asentí. Mis labios fueron a la boquilla y tomé aire, empezando a tocar. El silencio era horrible, la espectación hacía mi me era insoportable. Miré a mi abuelo, encontradno su mirada verde apagada en el público. Sonrío y me tranquilizé, con él podía. Al cabo de minuto y medio, vi como su cara se tornaba en una mueca de dolor, para después sonreírme de nuevo. Estaba alarmada, mi abuelo tenía una extraña enfermedad, y si no se trataba a tiempo uno de sus ataques, se podía morir. Él levantó la mano para detenerme cuando iba a parar de tocar, y mi vista se nubló al ver sus ojos cerrarse y no volverse abrir, mientras seguía sonriendo.




Se había ido, él lo quería. Quería irse conmigo a su lado tocando. No le iba a defraudar. Terminé solemnemente y percibí que la gente empezó a examinar al abuelo, pensando si estaba dormido o peor, muerto. Por desagradable que fuese el pensamiento, era el segundo caso. Los aplausos fueron enseguida seguido de vitoreos y alguna de las flores que vendían en la entrada. Yo solo lloraba sonriendo, mientras seguía mirando el cuerpo interte desde la distancia. Él no tuvo miedo de la muerte, malgastó sus minutos restantes de vida en mi. No lo quería defraudar. Si él no tuvo miedo de morir, yo no tendré miedo de tocar en público. 

Ese pensamiento, me vino mientras la ambulancia aparecía tomando su cuerpo y tapándolo, al mismo tiempo que Roberto me abrazaba y notas de saxofón sonaban en mi cabeza.







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